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viernes, 19 de junio de 2015

Tiempo atrás, quien escribe estas líneas era mototaxista. Me desplazaba todos los días por mi barrio y casi siempre que pasaba un señor con su carretilla vendiendo cebiche, me acercaba y le compraba. No solo era yo quien iba, mis amigos mototaxistas también compraban y terminábamos comiendo todos. Siempre me pregunté cómo preparaba la leche de tigre, porque de verdad es muy rico. Tiene un sabor distinto a la de las cebicherías, un sabor que solo se encuentra en esta carretilla andante.

Estaba caminando por el mismo paradero donde antes laboraba en mi moto, y como caído del cielo apareció nuevamente este hombre empujando su negocio. Como muchas otras veces, había llegado acompañado de sus dos pequeñas hijas, quienes le dan alegría en todo el trayecto que hace diariamente, y que poco a poco aprenden del ejemplo de su padre. Me acerqué dispuesto a saber un poco la historia del hombre detrás de la vitrina.

Justiniano Bolaños Aliaga con sus dos pequeñas hijas.
Supe en el acto que era paisano de mi madre, también es de Cajamarca. Justiniano Bolaños Aliaga recorre las calles del populoso distrito de San Juan de Lurigancho desde hace trece años. No tiene un lugar estable, pues sabe bien que es mejor salir a buscar el éxito a esperar de brazos cruzados que éste llegue a él. Recorre las zonas: La Huayrona, Las Flores y Los Postes.


Se levanta todos los días a las cuatro y media de la mañana para preparar el cebiche y la leche de tigre. Éste último lo prepara con un licuado que no encontrarás en otro lado. Licúa: pota, cangrejo, choro, pescado, ají de escabeche, ají limo, kion, apio, culantro, pimienta, ajinomoto, sal, limón y leche. Sabe juntar muy bien todos estos ingredientes para que salga esa leche de tigre tan exquisita que gusta tanto. Ambos los sirve acompañado de camote, chicharrón de calamar, cancha y choclo.


Cerca de las nueve y media de la mañana sale de su casa ubicada en la zona Las Huaridas con su esposa, quien también vende como él, pero ella toma otra ruta. El cebiche que prepara puede costar entre cinco y siete soles, dependiendo del tamaño de plato que uno desee. En la época que le compraba cuando yo era mototaxista, la leche de tigre lo vendía a un sol cincuenta el vaso. Hoy ese precio ya no existe, ahora hay de dos y tres soles. Precio que aún sigue siendo cómodo.

Toñito, uno de sus clientes fijos.
Así que si usted quiere probar esta delicia preparada por las manos de don Justiniano, espérelo por las zonas mencionadas líneas arriba, que en cualquier momento aparecerá y lo deleitará. Provecho.

Si usted es una de aquellas personas que les gusta salir a cenar a la calle y no comer grasa, aquí le traigo una buena opción para que pueda ir a visitar este lugar que le dará la bienvenida con su incomparable aroma a pescado recién frito. Un buen warique para ir el fin de semana acompañado de la familia, pasar un momento agradable y no preocuparse por lo demás.

Margarita Quispe Coronado
Margarita Quispe Coronado, sale todos los días a vender pescado frito en el primer piso de su casa. Lo acondicionó, pintó, compró unas mesas y sillas y todo lo que vino después fue un éxito. Cerca de las seis de la tarde, comienza su labor. Ya tiene todo listo, todo ordenado e impecable. Sus tres hijas la acompañan todos los días, y con ellas escribe una noche más en su historia de esfuerzo y perseverancia que ella misma forjó desde hace cinco años.

Margarita Quispe Coronado acompañada por dos de sus tres hijas.
El pescado merluza es el delicioso plato que encontrará, y los precios varían entre cuatro, cinco y seis soles; así que no hay excusa para no darse una vuelta y probar la sazón de doña Margarita. Todos sabemos que la merluza es muy rico en proteínas, calorías, y vitaminas, si no lo sabía lo invito a que lea más sobre las propiedades de este pescado aquí.

Son cuarenta platos que vende diariamente, menos los miércoles, porque ese día descansa y la pasa compartiendo gratos momentos con los suyos. Los sábados y domingos es donde llegan familias enteras y cada miembro tiene un paladar muy exigente. Esto no es problema para doña Margarita, ya que ella sabe preparar muy bien este plato que gusta de todos.


Lo sazona con sal, harina de apanar, comino y pimienta. Lo sirve con arroz, yuca frita y su ensalada. Para acompañar el plato, tiene refresco de maracuyá, que hacen que sea la combinación perfecta entre sal y dulce. Ya sabe, si quiere cenar algo nutritivo y muy bajo en grasas, la encuentra desde las seis de la tarde hasta la media noche en la avenida Los Postes Este 162, en San Juan de Lurigancho.

jueves, 18 de junio de 2015

A menudo suelo pasar por la esquina del mercado de mi barrio. Ya sea para ir a ensayar o para comprar en la farmacia del "chinito". Y siempre que he pasado por las mañanas he visto que hay una señora que vende chicharrones en toda la esquina. Es uno de los pocos wariques que siempre tiene clientes y que la mayoría de la clientela sean las amas de casa, que todos los días llegan al mercado a hacer las compras del hogar y aprovechan para deleitar el paladar con un crocante chicharrón.


Felícita Oviedo Jalanota, es la encargada de deleitar a sus comensales todas las mañanas. Con su incomparable sazón ganó muchos clientes en los doce años que lleva trabajando en la esquina del mercado Mariano Melgar. La Sra. Oviedo llega todos los días a las ocho de la mañana, vende un promedio de cuarenta platos antes de las tres de la tarde, y a las cuatro ya está de regreso a su casa, ubicada en la zona "La Libertad".

Un rico y crocante plato de chicharrón, con su papa, camote, mote, cancha, ensalada de cebolla con hierbabuena y sus gotas de limón, pueden costar entre dos, tres, cuatro y cinco soles, dependiendo de la presa que uno apetece. Por si fuera poco,  puede acompañar todo esto con un vaso de chicha de maíz morado, y estoy seguro que pedirá más.

Felícita Oviedo Jalanota.
Doña Felícita me cuenta que la presa que más sale es la cola, y cuesta cuatro soles. También vende pierna, pecho y cadera. La hora en la que se queda "sin manos" es de once a once y media de la mañana, es en ese momento en que su puesto se llena y ella tiene que agilizar las manos si es que quiere vender más. Aunque por lo que he visto, no se tiene por qué preocupar, pues vende absolutamente todo.

Me cuenta que el secreto está en el aderezo del chicharrón y en el tiempo de cocción. Pues lo fríe en media hora. Solo lo adereza con sal, ajo y un ingrediente especial que solo ella sabe y hace que su plato sea uno de los más sabrosos y vendidos en todo el mercado. Ya sabe, no se quede con las ganas y pruebe este delicioso platillo preparado por las experimentadas manos de la seño Felícita.